Uno de mis amigos, en una de esas reuniones de viejos amigos, me comentaba que le parecía injusto que la mayor parte de los juguetes sexuales están centrados en  la mujer y que, si no es eso, son para homosexuales o personas que exploran el sexo anal del otro lado; yo, que siempre espero lo mejor, le dije que era un exagerado y que seguro había más de los que pensaba. Acabó la reunión, pero seguía con la duda, ¿será verdad?

Todavía en el fin de semana me puse a revisar para luego echarle en cara los resultados, bajo el supuesto de que yo tendría razón. Hoy que lo vi le hablé de lo que había encontrado el arnés, del que me dijo que era para las parejas que jugaban a invertir roles y que el hombre prototipo no le hace a esas cosas; de las bolas chinas me comentó que si las compraría sería más para usarlas en alguien más, que él por el momento no estaba interesado en irse por ese lado; del gel retardante y del anillo vibrador argumentó que en realidad los usaba el hombre para el disfrute de alguien más; y de los masturbadores para hombre, que sería lo más cercano y se reducía a sólo un tipo de juguete donde incluyó vaginas, anos y bocas falsas, además de las muñecas inflables.

En fin, puso el grito en el cielo y empezó de mártir con el reclamo de que un hombre heterosexual no puede comprar juguetes sin sentir que son para alguien más. Después de pasar por las tres tazas de café y llegar a las chelas, llegamos a la conclusión de que es necesario un cambio, porque lo único que se cambia con estos juguetes es una mano, lo demás es para que aguanten, valerosos hasta el final, o para probar y explorar el lado más oscuro de su ser.

Después de querer hacer una marcha, preferimos continuar pensando en opciones, ¿qué juguetes podrían llegar a satisfacer la imaginación perversa y lúdica del hombre heterosexual promedio? A continuación quiero presentarles algunas de las opciones que nos imaginamos

1) La lengua alegre, un aparato diseñado para cumplir la fantasía constante de los aficionados al oral.

2) Los senos nobles, unos senos dispuestos a entregarse para lo que sea, del tamaño adecuado para lo que las estrellas porno les metieron en la cabeza.

Lo demás es complicado, cosas que ya existen, pero que nos habla de que el hombre es más un jugador en equipo que solitario.

Aún así, en Sexísimo todavía me esperaba una sorpresa interesante, no es muy diferente al ser también un masturbador, se llama TENGA, donde el plus está en la exploración de texturas, lubricaciones, presiones y un sinfín más, algo como el siguiente paso en el uso de la mano amiga, la exploración de la posibilidades de un clásico, al menos así lo imagino. Sí, quizás los hombres no tengan la misma gama de productos sexuales, pero al final parece que el camino del onanismo masculino todavía no está destinado a superarnos.