En el amor aparecen elementos de la vida que a veces no esperaríamos encontrar. Por ejemplo, la relación que podamos tener con la persona amada implica también una relación de poder en la que tenemos que establecer quién toma las decisiones; no sólo eso, sino que también en la cama pasa también esa lucha de poderes, desde quién decide la posición al momento del sexo, hasta quien saca los condones. Quizás exagero sobre ciertos puntos, todos sabemos que una posición sexual no se decide, es algo que se improvisa sobre la marcha. Aunque están los casos en los que se experimenta con la lista de posiciones difíciles, complicadas o extravagantes.

Por otro lado, ser la persona que cede el poder, el control o que deja en manos de otra persona algunas decisiones no tiene por qué ser algo lamentable, sino que también se trata de un gesto de cariño. Al momento de dejar en manos de nuestra pareja elegir una película o el gusto de estar en cuatro y el deleite de la vista, se trata de una muestra de afecto en la que cumplimos algún deseo de la persona que nos importa.

Con esto en mente es que decidí que iba a probar el juego de las esposas en un deseo de hacerle saber que confiaba en él, aunque también hay algo de interesante en la actitud de ofrecimiento que está detrás de presentarse ante la pareja como una persona atada, en plena disposición de dejarse hacer. Que en realidad no tendría por qué ser diferente, es decir, con o sin ataduras, esposas o cuerdas, ante la persona amada hay que tener el cuerpo, la imaginación y el espíritu dispuestos.

Cuando empecé a pensar en esto, como suelo hacer, me puse a revisar lo que se decía acerca del bondage, esa práctica en la que la mujer suele ser atada en posiciones extrañas en las que quedan a la disposición de la otra persona. Creo que al final lo que realmente excita es que el cuerpo se transforma en un objeto distinto al momento de presentarse así, limitado en la voluntad y sometido a la de alguien más.

Dejar en la manos de otro lo que deseamos no es sencillo. Por eso se recomienda realizar esta actividad no sólo con cuidado y bajo un mutuo acuerdo, sino con alguien en quien se pueda depositar toda nuestra confianza. El sexo es un momento en el que sabemos si la relación va a funcionar o no. No sólo se trata de saber si el orgasmo llega, si sabe moverse o si consigue encontrar los puntos adecuados, lo que está en juego es que sepa entender y respetar lo que queremos y a los que estamos dispuestas.

Cuando estuve esposada a la cama y me dejé llevar por lo que mi chico deseaba o se le ocurría me quedó claro que lo excitante está en observar cómo se desarrolla la imaginación de nuestra pareja justo frente a nuestros ojos, encima de nosotras.