La última vez mencioné que era importante saber distinguir la sensibilidad de nuestra pareja, si se trata de una mujer con un clítoris sensible o uno que aguanta tratos más rudos. De eso dependerá la táctica a seguir. Lo bueno de tener tantas amigas y que confíen en mí es que termino con mucha información sobre cómo son otros cuerpos y otras sensibilidades.

Hay de todo. Tengo, por ejemplo, una amiga con un clítoris penoso que se esconde todo el tiempo pero que le gusta que lo traten con fuerza, pareciera que juega a la escondidas o que se hace el difícil como prueba para los más hábiles, porque una vez que se le encuentra los orgasmos parece que no pueden parar.

Otra amiga cuenta algo diferente, porque no es que no le guste que le hagan sexo oral, sino que es muy sensible y la estimulación muchas veces termina por ser dolorosa. Al punto en que hay veces que si no pone un alto o guía de forma muy precisa a su amante puede terminar por acabar la noche sin sexo. Así que muchas veces prefiere ser ella quien se encargue de estimularse, sobre todo cuando se trata de una pareja nueva.

Siguiendo con los consejos para hacer un buen cunnilingus me pasaron dos opciones, una para esos que aguantan toda la atención que queramos dedicarles y otra para los que exigen más dulzura y paciencia.

 

8.1) Clítoris alegre

Los clítoris que pueden ser presa de la lengua y del estímulo constante suelen ser los mejores, porque no hay que tener que pensar en una preparación especial ni temer miedo al exceso de estímulo. Uno de los trucos favoritos que he experimentado es en el que lo toman entre los labios y lo chupan, se pone mejor cuando se acompaña con el estímulo de la lengua.

La forma en que la lengua pueda jugar con las posibilidades hace una gran diferencia, realizar círculos alrededor, presionar fuertemente de arriba abajo, mover de un lado a otro o que parezca que se presiona un botón de forma frenética son opciones muy viables y placenteras.

Es importante permanecer un buen tiempo en una u otra opción, alternar no de forma frenética sino ir acostumbrando al cuerpo a diferentes formas de placer. Aunque eso sí, hay un momento en el que cambiar de movimiento es una tortura y lo menos recomendable, cuando se está a dos o tres pasos del orgasmo.

Algunas personas me han dicho que no saben en qué momento es conveniente parar, en mi caso el único momento en el que vale la pena detenerse es cuando se pide. En continuar está el secreto para los orgasmos múltiples y si se consigue durante el sexo oral, es posible que se alargue durante la penetración. ¿Por qué detenerse en lo simple, en sólo uno, cuando se pueden tener cuatro o cinco?

Creo que en este momento debo detenerme, dejar de escribir y hacer una visita a mi colección de juguetes sexuales.