Hace años que no voy a un hotel de paso, afortunadamente ya pasaron los días en que era la única forma de poder hacerlo con calma con mis parejas. Esos días en que estaba con las prisas, con el miedo de que alguien llegara a la casa o regresaran antes del cine. Cada quien tenía su forma, quienes menos saben de eso son esas personas que podían estar seguros que la oficina tenía atrapados a sus papás y que los hermanos estaban en la escuela.

En estos días recordaba con un grupo de amigas de la prepa lo mucho que ha cambiado la forma en que hacemos las cosas. No sólo las tonterías que dejamos de hacer, pero también lo que nos ha dejado la experiencia. Es obvio que ahora el acostarse con alguien que nos gusta, sea un amante, un novio, el esposo (las que están casadas), es algo más sencillo, tenemos nuestro propio espacio, no tenemos que rendirle cuentas a nadie y tampoco estamos al pendiente de lo que alguien más pueda pensar. Nuestra intimidad nos pertenece y más desde que los juguetes sexuales entraron a nuestras vidas.

Pero justo una de ellas comentaba que si había algo que extrañaba era darse una buena escapada a un hotel de paso. ¿Por qué? Decía que lo importante es romper la rutina, que no hay nada más divertido que después de una cena en casa de unos amigo o una salida a algún bar en la Roma pasar a un lugar que quede cerca y darle rienda suelta, aprovechar que están por la zona y que no hay nadie que espere en casa.

Pero no sólo eso, sino que también hay un factor muy particular de hacerlo en un motel, no es nada más la comodidad de lanzarse al lugar que esté a la vuelta, sino que ya hay una intención de por medio, ya ambos (en la mayoría de los casos se trata de dos personas) saben a qué van y la predisposición siempre es algo importante. Ayuda a crear cierta ambientación, a calentar motores, si se prefiere.

Otra de mis amigas decía que ella seguía dándose un par de vueltas al mes porque con los vecinos y los chismes que puede haber nunca se siente tan a sus anchas cuando está en su casa. Estábamos muertas de risa, claro que es molesto tener esos vecinos que gritan como si de a de veras, pero es mejor tener vecinos con envidia que aguantarse las ganas de hacer las cosas bien.

En lo personal, por eso me gusta hacer viajes, aunque sea un fin de semana, no sólo se trata de dar un paseo y cambiar de aires, sino que también ayuda a romper la rutina del mismo lugar. Aunque claro, un hotel de paso siempre es diferente, tienen los espejos, los tubos, el mueble para probar distintas posiciones (nunca lo he entendido) y también el servicio al cuarto.

Al final, así como los juguetes sexuales, un hotel de paso ayuda a liberar la imaginación.