Tengo un amigo que tiene una adicción al juego. Afortunadamente su suerte le ayuda y no pierde cantidades inmensas de dinero. Lo menciono porque es él quien me puso una serie de ideas en la cabeza sobre el azar. Él dice que todo lo que hacemos está dominado por la suerte, que las decisiones que tomamos pueden partir de una intención pero que no es sino cuando intentamos hacer las cosas en que vemos si estaba marcado por el destino o no. Para él apostar y jugar es revelar las intenciones de Dios, lo que diseñó para nosotros.

La última vez que lo vi me regaló algo para experimentar con el azar y esta nueva exploración que estoy haciendo sobre mi sexualidad, se trata de unos dados sexuales. Seguramente todas han escuchado acerca de este tipo de juguete o lo han visto mencionado en alguna serie en la televisión, quién sabe.

Los que me dio son los más simples, porque después vi que hay variantes más complicadas, como para jugar cubilete. Son dos dados, uno que tiene partes del cuerpo y otro que tiene acciones. El que tengo sirve para el juego previo, para esa parte en la que nos preparamos para la penetración y donde se pueden conseguir los primeros orgasmos. La parte divertida es no decidir realmente, apenas desear con cada fibra que salga lo que se quiere. Lo recomendable es realizar la acción por un minuto apenas, aunque hay algunos que tienen un dado para definir por cuanto tiempo, aunque si se lo desea basta con un dado normal.

Es interesante la forma en que se alarga el placer con este juego. Por un lado, hay veces que se pasa al sexo oral muy pronto, pero cuando las cosas empiezan a volverse muy excitantes aparece un tiro como acariciar los labios y el previo parece tomar un paso hacia atrás. Por otro lado, me tocó experimentar algo que todavía no me cruzaba por la cabeza y que en la emoción del momento ni se me ocurrió cuestionar.

Probé por primera vez el beso negro al que quizás le hubiera puesto una gran cantidad de peros, pero fue justo después de haber intercambiado el sexo oral y haber pasado bastante tiempo estimulada que lo último en lo que quise pensar era en qué seguía, sólo quería continuar disfrutando de esa disposición de la suerte.

¿Qué se siente? Es cierto que tiene una sensibilidad especial, además está el elemento sorpresa. ¿Me gustó? Sí, por supuesto, no sé si tiene que ver por la forma en que llegué ahí, a ese momento; tal vez es algo que sí me gusta. Ya será cuestión de experimentar otro día.

Puedo asegurar, eso sí, que el sexo después de un momento era algo que pedíamos a gritos y llegar a ese punto en el que hay que romper las reglas y continuar porque lo importante es hacer que el placer aumente, que los gemidos llenen la habitación. El sexo fue grandioso.