En estos días en los que se realizan las comidas navideñas en el trabajo y la oficina, antes de las vacaciones y con las verdaderas fiestas y comidas navideñas a la vuelta de la esquina, es común que en pleno atracón, bebedera y sorteo alguien pierda un poco la cabeza y termine por romper un límite o dos.

Los buenos chismes de oficina nacen por estos días, en medio del intercambio navideño y los secretos e intrigas que suelen aparecer entre los diferentes equipos de trabajo. En ocasiones esas comidas y cenas navideñas son el mejor lugar para medir la tensión que existe entre las personas en el trabajo.

Yo tengo una regla personal que me ha evitado problemas en la vida, no mezclar trabajo con sexo, menos con relaciones de pareja. Quizás con alguien de otra área con la que no necesite relacionarme, si la empresa es muy grande; pero no me funciona con personas que debo ver regularmente.

Son cosas que aprendí en la adolescencia a partir de la experiencia, cuando todo parece más trágico de lo que realmente es y cuando somos un caldero en ebullición de hormonas, sentimientos y pasiones. Rompes con el chico guapo del salón y a la semana lo ves coquetear con otra chica durante las clases, es difícil poner atención a lo que se supone que debes hacer cuando estás pensando en arrancarle la cabeza al desgraciado.

Como es importante que todo tenga su espacio, el trabajo no lo mezclo con los sentimientos. Eso me ha salvado de casos como el que hubo entre la de Derechos humanos y el Líder de proyectos. Él hizo lo que se debía, la invitó a salir, fueron por unos tragos y el coqueteo iba de un lado para otro. Cerca de las 12:30 ella fue al baño, él recibió un mensaje. Era de ella, decía: “Te amo, estoy con unas amigas. Besos”. Él empezó a hacer las conjeturas. Cuando volvió del baño se limitó a decirle: “Me enviaste el mensaje a mí”. Ahí terminó la dulce velada.

Es común que podamos ser un total desastre en nuestras vidas sentimentales y que, a pesar de eso, tengamos un excelente desempeño en lo profesional. Por mucho tiempo yo viví de esa forma. Creo que decidí dejar de arruinar vidas cuando opté por masturbarme en serio y de alguna forma me di cuenta de que el sexo no tenía por qué implicar una relación y un compromiso, sino que podía ser un acto casi práctico en el que lo único que importaba era sentir y dedicarse al placer.

Ese tipo de libertades no se pueden tener en el trabajo, tampoco la sinceridad de siempre que se desarrolla en pareja, porque la vida laboral pide que seamos prácticos y no perdamos mucho tiempo en señalar los defectos en el trabajo, aprender y mejorar. Incluso los sentimientos no dejan juzgar bien el desempeño del otro.

Así que antes protagonizar un chisme de oficina en estos días, recomiendo que se hagan un buen regalo y se compren a sí mismas un dildo. Les aseguro que no se arrepentirán.