Entre las diferentes fantasías de roles, disfraces y lugares que alguien puede desear, una de las opciones favoritas de las personas están alrededor de un hospital, no por los enfermos, como todo el mundo sabe, sino por los médicos, los enfermeros y, como la televisión no se cansa de decir, a la mamá de cualquiera le gustaría ver a su hija casada con un doctor.

Hay mujeres que tienen cierta debilidad por las personas con uniforme, que empiezan a excitarse al ver a una persona vestida con el símbolo de su profesión y su deber. Hay algo de honorable en ello, más cuando se busca ser la razón para que un hombre cambie sus prioridades y en un momento de debilidad decida dejar de lado su deber y responsabilidades. ¿Qué haría que un doctor abandonara su juramento por salvar vidas, sino una pasión incontrolable e intensa? Esa es la mejor parte de esta fantasía, ver cómo el ilustre médico pierde esa santidad y cae prisionero de la carne.

Mi forma favorita de jugar al doctor es en la que se ve atrapado en las redes de una mujer y no es capaz de ir a cumplir su deber, siempre me ha parecido que hace que el sexo sea mucho más salvaje. Mientras que cuando se juega al paciente hay algo de fragilidad extraña que nunca me ha gustado, sobre todo porque parece de telenovela, aunque también está la forma en que lo presentan las películas porno: esas ocasiones en las que la mujer parece despertar el deseo del doctor durante la consulta y con eso aparece un diálogo secreto y de intimidad entre los dos.

Preparar este juego puede ser muy sencillo, sólo es necesario conseguir las batas, la ropa de enfermería, quizá algunos utensilios para que exista la sensación de realidad. Lo más difícil es conseguir un lugar en donde el juego pueda lograr ambientarse de forma adecuada, sobre todo para aquellas personas a las que les gusta llevar estos juegos de roles a otro nivel.

Recuerdo algo que hizo una amiga en una ocasión, decidió que si podía conseguir un buen disfraz también iba a lograr hacerlo en un hospital sin que nadie se diera cuenta, así que consiguió, quién sabe cómo, el uniforme de enfermera y se filtró entre el personal, estuvo un par de días fingiendo que era nueva en la profesión y consiguió ligarse al que le pareció más guapo, un buen día lo arrastró a un rincón y tuvieron una buena sesión de sexo. Después de eso desapareció. Para eso fue necesario que pidiera algunos días de vacaciones en el trabajo, pero al parecer valió la pena.

No todas podemos darnos el lujo de arriesgarnos tanto, porque es cierto que se trata de un riesgo en el que si nos atrapan se puede volver muy complicado explicar que sólo era un juego de roles en el que se esperaba sólo un poco de sexo distinto al de otros días.