Tenía pensado continuar con el tema de los exnovios y escribir sobre algunas otras ideas que me han llegado, entre las comadres y los amigos que siempre me inspiran para compartirles un poco de lo que es la vida desde aquí. Pero platicando hoy con una amiga decidí que era mejor soltar el chongo y reclamar. Porque todos los hombres son iguales.

Les cuento brevemente por qué lo digo, en realidad no lo digo totalmente en serio, creo que raras veces alguien lo hace de esa forma. Ocurre que las cosas iban encaminadas, ella y él salían y parecía que todo iba bien, que este chico le correspondía, que estaba interesado en entrarle a algo, una relación en términos por definirse. ¿Qué pasó? Bien, llega un punto en el que alguien se tiene que animar a realizar la pregunta, antes de entrar en la temible friendzone.

La forma de evitar caer en ese limbo extraño en el que las personas parecen tener que quedarse para siempre con lo que sienten guardado, ese estreñimiento emocional cruel que es ser vista como la amiga cuando se quiere ser algo más es en realidad muy simple. Hay que dejar muy claras cuáles son las intenciones que se tienen. Mi amiga le preguntó, no recuerdo las palabras exactas, –¿Estás interesado en mí?– le habrá dicho. Parece que le cayó como balde de agua fría. No era la primera vez que salían, él pasaba por ella, en ocasiones pagaba las cuentas. La pregunta era más que necesaria.

La respuesta fue algo parecido a –No como tú piensas–, la verdad yo no entiendo bien qué significa eso. Después de ese día no volvieron a salir. Parece que hacerse consciente de lo que estaba haciendo, del lugar al que se dirigía lo llenó de miedo y lo hizo correr para nunca más regresar. ¿Qué fue lo qué pasó? Hablaba de esto hace poco con mi chico. Lo que me dijo es que hay veces que la gente le tiene miedo a la sinceridad. ¿Cuántas veces un hombre no se desaparece cuando las cosas se ponen serias?

Parece que no todos los hombres son capaces de aceptar lo que sienten y decir: Me gustas, estoy interesado en conocerte y salir contigo. Da la impresión de que es algo muy sencillo, pero un amigo me decía, un poco a manera de reclamo, que incluso cuando eso pasaba las mujeres nos desaparecíamos.

Una cosa es cierta, en el proceso de seducir siempre hay que correr ciertos riesgos, hay que verificar que exista una conexión, una idea dentro de la cabeza de ambos en donde el escenario de un beso es algo posible y, más importante, se desea.

Si alguien llega a tu vida con las intenciones bien puestas y la sinceridad como bandera es bueno que estés preparada. Hay muchas formas de responder, pero la que yo sugiero es devolver la moneda, incluso cuando la respuesta pueda ser –No tengo la menor idea de qué quiero, apenas te conozco, pero parece que eres agradable–. Al final la sinceridad no tiene por qué generar miedo.