Volver a las fantasías es algo importante, no sólo se trata de pasarla bien una vez, que la experiencia sea algo de una vez en la vida, a menos que haya sido una experiencia poco agradable y peor si de ninguna forma fue placentera o divertida.

Algo así le pasó a una amiga, estaba obsesionada con tener sexo en un elevador. La primera vez que lo intentó fue con un novio que tenía, él no era muy intrépido o arriesgado, ella siempre buscaba la forma de presionarlo y que hiciera cosas que nadie pensaría que fuera capaz, como la vez que tuvieron sexo en el baño de un restaurante. Nadie les creyó al principio porque él siempre era del tipo de persona que no se atreve a romper ninguna regla.

La vez que quisieron intentarlo en el elevador ella estaba muy insistente en conseguirlo, mientras que él no estaba muy seguro y estaba demasiado nervioso. La erección nada más no llegaba y ella decidió motivarlo con un blow job.

Lo divertido llegó después, una señora mayor detuvo el elevador acompañada de su nieta de unos siete años. Mi amiga no sabía si detenerse del todo para evitar que vieran el pene de su novio. Él sólo pedía disculpas y le explicaba a la señora que era un sujeto responsable y un buen ciudadano. Al poco tiempo se separaron porque para él fue una humillación pública que estaba destinada a arruinar su vida. Mi amiga sigue viviendo ahí y siempre que ve a la señora hacen chistes al respecto.

Aunque afortunadamente también hay fantasías que tienen finales más que felices y que traen a la vida sexual una nueva dinámica, nuevos trucos y mañas. En alguna ocasión, mi pareja y yo jugamos a atarnos, fue algo un tanto suave y poco extremo. En estos días decidimos llevarlo a otro nivel, si la última vez fue algo que permitía cierto movimiento, ahora decidimos que él estaría casi inmovilizado y sin poder ver.

Fue necesario comprar un poco de tela, optamos por seda porque el tacto es algo importante que se debe considerar en el sexo. Lo até a las patas de la cama, tapé sus ojos y entonces decidí que tomaría el juego realmente en serio.

Usé un perfume diferente a los que me conoce, de esa forma se me ocurrió que me le aparecería en la imaginación como otra mujer y que la fantasía podía ser más interesante. Lo provoqué con caricias y luego lo sorprendí con un fuste con el que lo azoté levemente en el pecho. El resultado fue impresionante.

Sabía que mi pareja quería experimentar un poco con el BDSM, así que pensé que sería una buena sorpresa. Fue algo arriesgado porque pudo salir mal porque no era lo que esperaba, pero la confianza y hacerlo paulatino sin abusar del azote hizo que pasara a ser una de mis sesiones de sexo y fantasía.

El secreto al momento de repetir una fantasía está en aprovechar las oportunidades y que al conocerlas podemos realizar sorpresas a nuestra pareja. La planeación ayuda a lograr las primeras fantasías, pero parte del encanto que tienen estas situaciones deseadas es la sorpresa que pueden darnos.