En la oficina siempre se realiza cerca de las fechas decembrinas la dinámica del intercambio, se supone que ayuda a generar mejor dinámica en el equipo de trabajo y a que las personas se conozcan mejor. El lugar donde trabajo organizó uno como cada año, con lo que vi una oportunidad muy buena para divertirme un poco y despertar en los otros pensamientos impuros. Se trató más de una travesura de fin de año.

La mayoría debe conocer de qué se trata un intercambio, en una fecha determinada se entrega a la otra persona un regalo en el que se le revela quién es el amigo secreto. En algunos lugares o dinámicas existen días en los que se le debe dejar un regalo o una  nota que lo ayude a sospechar o perder la pista.

Eso último fue lo que aproveché para mover un poco las cosas entre el equipo de trabajo, sobre todo porque ver sus caras de sorpresa siempre tiene algo divertido, lo que hice fue simple, decidí hacer un pedido de lubricantes y en los días en que tocaba dejar los regalos previos fui dejándoles a todos en la oficina.

Empecé con una de las secretarias, la de recepción, pero tuve cuidad de que no hubiera rumores de ella acostándose con algún jefe, para evitar que pensara que se tratara de una broma. Además, las secretarias son las personas más comunicativas en cualquier trabajo. Así que el chisme corrió rápido y para la hora de la comida todos en la oficina ya sabían lo que había recibido la recepcionista.

Al día siguiente, rompiendo la regla, le dejé otro a alguien más, así para el final de la semana todos en la oficina habían recibido uno. Fue complicado porque tenía que escabullirme un poco y después estar al tanto que nadie estuviera revisando las cámaras de seguridad buscando al culpable, pero no hay nada más emocionante que hacer algo a escondidas de todo el mundo.

Lo bueno es que nadie en el trabajo sabe que me dedico también a escribir este blog, sino hubiera sido mucho más fácil que supieran quién era la persona detrás de la sexualización del intercambio. Lo divertido era ver cómo todos en la oficina empezaron a sospechar sobre los deseos que alguien podía tener por ellos, creo que con esto se terminó por desatar una relación sexual en el baño durante el horario de trabajo, pero no me consta.

Con todos teniendo en la cabeza lo mucho que les gustaría recibir esos regalos como indirectas algo en sus mentes despertó, la imaginación sexual se les desbordó y parecía que la oficina en general era un ambiente más feliz, por la coquetería en el trabajo. Incluso otras personas empezaron a regalar lubricantes y ya no sólo era yo.

El día de la entrega pensé en revelar mi identidad como la mente cochambrosa detrás de todo regalándole a mi amigo secreto un masturbador masculino, pero preferí mantenerme en el anonimato, lo que estuvo bien porque ya en el juego muchos decidieron regalar anillos vibradores y condones. Fue un curioso milagro navideño.