Cuando dejé de fumar una de las cosas que más extrañaba era acompañar los momentos de espera con un cigarro, sentía que después de abandonar el vicio tenía un tiempo nuevo para hacer algo que no conseguía saber qué era, si antes estaba ocupado por un cigarro que podían ser dos o tres, antes todavía por escuchar música y nada más, mientras que en los días que siguieron a la lucha por resistir empecé a inventarme una gran cantidad de actividades que me ayudaran a distraerme.

Nada resultaba porque aprender a bordar, resolver crucigramas, mascar chicle, dibujar animales de bolitas y palitos que contaban sus aventuras en el zoológico, todo lo que podía ocurrírseme lo único que hacía era recordarme cada vez más que estaba intentando de no fumar. Era como señalar que había una acción prohibida y que no iba a cambiar sin importar que intentara yo. Al punto que en varias ocasiones llegué a recaer sólo por tener una forma de esperar. Así son los vicios.

Quizás no sea la forma correcta de solucionar este tipo de problemas, pero lo que al final me funcionó fue poner a trabajar a mi cabeza en otro vicio. Un clavo saca otro clavo, o al menos ayuda a aparentar que conseguimos superar el problema. Yo me dediqué un día, de forma natural, sin pensarlo ni planearlo, a fantasear sobre lo que podría hacerle al que en ese entonces era mi amante más tarde esa noche.

Al final del día me di cuenta de que no había pensado en un cigarro sino ya en la sobrecama cuando otro hábito fue el que se apareció: el clásico cigarro después del sexo. En ese momento descubrí que había una forma en que iba a poder luchar contra los momentos de ocio en los que no encontraba en qué entretenerme, podría ejercitar mi imaginación y soñar con lo que podría hacer en la noche con mi pareja.

Claro, lo difícil era que en muchas ocasiones me excitaba y al final no tenía con quien desahogarme. Sin embargo, lo importante para mí pasó a ser que ya sabía con qué llenar los tiempos de espera, el mayor resultado que obtuve de esta decisión fue lanzarme a comprar mis primeros juguetes sexuales. Al inicio los usaba para imaginar, lo que podría ser tenerlos en esos momentos de espera y poder escaparme a algún lugar y satisfacer mi deseo.

El gran paso fue realmente empezar a cumplir con esos deseos de escaparme y entonces ir a un baño y disfrutar de la masturbación, de explorar la emoción de satisfacerme. A pesar de que en ocasiones hay veces que prefiero reservarme para alcanzar un orgasmo en el momento en que pueda realmente saborearlo, porque no hay nada peor que no poder disfrutar como Dios manda.

Quizás no sea para todas, debo decir que hay veces que estar soñando y fantaseando en lo que empieza una junta o se espera para pasar al doctor no sea lo más cómodo o recomendable, pero cada una de nosotras sabrá qué hace con su tiempo.