Una amiga me contó un sueño en el que veía a Leonardo DiCaprio desvivirse para ganar su admiración y cariño. Parecería una fantasía hecha realidad, pero dentro del sueño parecía patético, sobre todo porque el actor lo hacía como esperanza para por fin ser reconocido con un Óscar por su nueva película. La imagen que era la cereza del pastel era la forma en que DiCaprio terminaba obsesionado con lamerle los pies, que para esto estaban sucios, cansados y sudorosos.

Mi amiga contaba todo con cierta incomodidad, para ella la imagen del actor era cómica y parecía que el chiste no podría mejorar. Lo que le dije (para molestar más que por otra cosa) era que su sueño revelaba la gran cantidad de problemas que sentía con su propio cuerpo. Ustedes no lo saben, pero hacía un mes ella empezó a salir con un nuevo chico, alguien que estaba loco por ella y que era del tipo desinhibido en la cama, sin muchos tapujos, límites y con pocas cosas por probar.

Lo natural fue que mi amiga se sintiera intimidada cuando su nuevo amante empezó a intentar probar las cosas que él consideraba del nivel 1 y que mi amiga veía como algo que sólo pasaba en las películas. Todo empezó con los pies.

Estaban platicando en ese dulce momento de la noche que me gusta llamar la sobrecama, cuando después de un adecuado comerse entre los amantes ambos están satisfechos, contentos y pueden empezar a decirse palabras de amor o se quedan en el abrazo por un largo rato. Sin interrumpirla o sin aviso previo se acomodó y se empezó a meter sus dedos del pie en la boca. Eso bastó para que ella prefiriera vestirse y regresar a su casa.

Lo que me explicaba era que se había sentido muy incómoda, que la había tomado por sorpresa y que no le parecía agradable si se tomaba en cuenta que había estado caminando todo el día por la ciudad y una lista bastante creativa de razones por las cuales se veía que mi amiga no estaba cómoda con sus pies y alguien haciéndola sentir a través de ellos.

Yo por mi cuenta soy una persona que adora el mimo, la caricia y el manoseo, el estrujón, el masaje y la chupeteada. Casi cualquiera de sus versiones me parece muy agradable y en casi cualquier parte de mi cuerpo. No hago listas porque no me siento en condiciones de decir que hay algo que quede fuera para siempre. Pero es claro que las personas sentimos y nos gustan sensaciones muy distintas.

En el otro extremo, tenemos una amiga que le dedica a sus pies fines de semana enteros. No se queda en lo cómodo de un una pedicura básica, sino que lo lleva a otros niveles con cremas, exfoliantes y todo un catálogo que está a la disposición de sus diferentes ocurrencias. Además que pinta sus uñas con regularidad y que ve en ese arte la forma en que puede demostrar que su cuerpo está listo para lo que venga. Cada quien.