Como se habrán dado cuenta, para mí rodearme de buenos amigos es una de las cosas más importantes en mi vida. Las razones tiene que ver con que no sólo son personas valiosas que me han acompañado a lo largo de muchas etapas de mi vida, sino que además siempre me aportan cosas interesantes, no sólo de sus vidas, sino también que me regresan cosas interesantes de la forma en que entiendo la mía.

Yo pensaba que todas las personas nos preparábamos para el sexo de una forma u otra y que tenía que ver con muchas cosas, no sólo apartar un día o dos, comprar condones y cerrar la puerta del cuarto. Pero en una fiesta en estos días me sorprendió escuchar a una chica que se veía sorprendida ante la idea o posibilidad de agregar otras cosas o de pensar en un elemento sorpresa como colocar música (¡Led Zeppelin es una recomendación para todas!). Como toda persona chismosa y con espíritu filantrópico decidí compartirle un poco de mi camino en la senda del descubrimiento del placer sexual.

Esta mujer, también por ahí del tercer piso (no sé cómo había llegado tan lejos con semejante hueco),  siempre dejó en manos de alguien más su propio disfrute. Lo primero que le pedí fue que imaginara lo que sería acompañar el sexo de su canción favorita o de alguna que ella sintiera que era caliente o cachonda, luego lo divertido que sería un día usar cierto tipo de lencería roja o negra (luego me confesó que sólo usaba esos grandes de algodón que solemos imaginar en las abuelitas). Todo un caso esta chica.

No sé cómo le vaya en la vida, cómo se vea caminando por la calle o cómo pueda enfrentarse al trabajo, pero creo cuando escuche que alguien le grite en medio del enojo a otra persona: ¡Mal cogida! Voy a pensar que quizás este texto ayude. Porque lo primero que podemos hacer para evitarnos malas experiencias es satisfacernos a nosotros mismos. Soy fiel creyente de que el placer es de quien lo trabaja.

Quizás ella se haya encontrado con un hombre que sabe muy bien lo que hace, o que chance no sabe nada, pero lo hace muy bien. Ojalá y Dios le haga ese favor. Para las aquéllas que no tienen esa suerte les toca conformarse con lo que la vida les ponga entre las piernas. Yo lo que sugiero es que justo ahí pongamos nuestras manos, un dildo, un vibrador, unas bolas chinas o un poco de lubricante (de esos que hacen cambios de temperatura). No esperemos a que la vida nos presente a ese príncipe azul que dejará nuestras piernas temblando, porque para cuando llegue es probable que hayamos dejado pasar muchos orgasmos y toda mujer los merece.

Entre los buenos consejos que puedo darle a cualquier mujer que esté por aquí leyendo está que siempre tome la oportunidad de ser feliz, lo que empieza con un orgasmo venida de la propia mano.