Uno de los temas más importantes cuando se empieza a hablar de sexualidad es el cómo. La forma en que nos gusta dar o recibir el placer dice mucho de nosotras, pero también de la manera en que va la relación con una persona, a veces es como al momento de bailar, no siempre con un buen bailarín logramos sacar a relucir nuestros mejores pasos, pero en ocasiones con la persona que menos esperábamos terminamos robando los reflectores de la pista.

Entre las diversas cuestiones que están de por medio en que nos podamos entender con alguien en el sexo no sólo está el atractivo, sino incluso las formas de los cuerpos. Para todo deseo hay una forma de satisfacerlo, aunque hay algunos casos que nos piden más creatividad que otros. Les contaría de una ocasión en que una amiga prefirió irse a su casa cuando vio que no había forma, pero ya me regañaron porque siempre las ando balconeando.

El Kamasutra, ese antiguo libro sobre el placer y sus modos, ya decía un par de cosas al respecto sobre los tamaños y las combinaciones sugeridas, adecuadas y aptas para el placer. Para cada roto hay un descocido también dicen por ahí.

Una de las pruebas importantes para saber si una relación va a durar es el sexo. Conozco personas que por esa simple razón decidieron hacer de una noche de sexo un mes o dos de noviazgo, lo que les falló fue averiguar si había por donde hacer que funcionara. Mientras que he sabido de casos en los que la comunicación y la complicidad eran buenas (o eso decían), pero que en la cama las cosas eran desastrosas, lo que suena a todo un caso para haber mandado a la temible friendzone.

Tengo la idea de que en el sexo hay muchas formas de clasificar a las personas, pero la primera categoría empieza por la intensidad, es decir, ¿qué prefieres la nalgada o la caricia? No se trata de que una niegue a la otra, las personas más escurridizas suelen responder que depende del momento y se sacan un montón de razones que son ciertas. No es usual que de la nada alguien empiece con todo su ímpetu. Para mí es simple, para elegir hay que completar la siguiente oración sin pensarlo mucho, de forma casi inmediata:

Una noche de sexo no es nada si no…

De tantas veces que he hecho el experimento con personas que conozco casi nadie responde nalgada o caricia, pero lo que elijan puede clasificarse como intenso o suave, que no tiene que ver con que no haya cariño o con que la relación sea fría y distante.

Me confieso del lado de la nalgada, siempre y para toda la vida. Para las que como yo sean del mismo y apasionante lado de la vida luego les lanzaré un par de consejos para jugar a atraerlas, provocarlas y disfrutarlas de otra forma, porque hay veces que el orgasmo estalla cuando todo empieza a resonar y temblar.