Creo que hay un momento en el que todas hemos decidido experimentar con nuestra apariencia, generalmente es en esos días difíciles y confusos de la adolescencia en que parece necesaria la transformación de quienes éramos para ser una persona nueva o más cercana a lo que realmente somos.

Recuerdo esa época lejana porque he estado revisando mis viejas fotos de la preparatoria y me reí mucho al ver el peinado que tenía, la forma en que me vestía y las ocurrencias de un par más de compañeros que si los viera en estos días seguramente se avergonzarían o, mejor todavía, se morirían de risa conmigo.

Saco esto a colación por lo que me permitió recordar sobre algunas ideas que tenía y que han ido cambiando, pero también de ideas que incluso llegué a olvidar. Como el hecho de que en ese entonces tenía un piercing en la lengua y eso le parecía a los hombres muy atractivo. Recuerdo que llegué a besar a varios chicos bajo el pretexto de saber cómo se sentía, por diversión pues.

Además de que, en menor medida, funcionaban como los tatuajes, pero esa experiencia todavía no me ha tocado vivirla. Recuerdo que cuando decidí quitarme el piercing lo hice porque ya no me parecía que formaba parte de la persona que yo era, que le pertenecía a esa versión mía que podía quedarse en otro tiempo, que era la que empezaba a probar con la masturbación, que empezaba a salir con chicos, que se ilusionaba con fuerza y que sufría con la misma intensidad.

Pensando en eso me dieron muchas ganas de hacerme una perforación nuevamente, lo platiqué con mis amigas más para divertirme con lo que podían decir que para que me dieran algún tipo de aprobación. Me llevé una sorpresa enorme cuando una de ellas me dijo que había pasado por eso y que al final decidió perforarse cerca del clítoris.

Al final se lo tuvo que quitar, era muy sensible y ella es de esas personas que le gusta salir a correr, la primera vez que lo hizo pensó que la perforación era la mejor idea que pudo haber tenido, no pudo correr mucho sin que la pieza empezara a estimularla y en un momento fue necesario que se detuviera para experimentar un orgasmo.

En cierta forma parece una gran idea, que la masturbación constante y los orgasmos al correr eran una excelente forma de mantenerse feliz. Los problemas empezaron cuando en el camino al trabajo tuvo que detenerse un poco porque el caminar y subir escaleras la excitaron. Ese mismo día, con la estimulación del camino no pudo estar muy concentrada al momento en el que le tocó presentar un proyecto ante su equipo de trabajo.

Optó por quitárselo porque el estímulo constante no era lo que ella esperaba. Hay personas que tienen miedo de perder sensibilidad ante esta experiencia, pero creo que pocas veces se toma en cuenta que puede ser todo lo contrario.