La última vez que hablé sobre la masturbación me quedé con algunas cosas por decir, es un tema del que se puede decir mucho. En general, los hombres se imaginan que una mujer se masturba igual, que se trata de la fórmula: chaqueta y a dormir. No toman en cuenta que nuestros cuerpos experimentan el placer de otra forma, en otros tiempos. Es más, tampoco entienden cuál es el objetivo final de hacerlo, no se trata sólo del placer.

Algunos de los mejores amantes que he tenido entendían un poco de eso y sabían que mi ritmo era otro, o al menos lo intentaban. Algo así pasa con la pornografía. En realidad casi toda está hecha para las jaladas de los hombres y, aunque hay algunas mujeres que sí le encuentran el chiste, dejan fuera la forma en que las mujeres vivimos nuestra sexualidad. Hay algunos videos ahora que los hacen enfocados en un público femenino, pero no deja de ser trabajar sobre estereotipos: colores claros, suavidad y delicadeza. Tampoco hay que exagerar, no todas las mujeres vivimos en un castillo de ensueño y somos cada vez menos las que queremos hacerlo. ¿De qué sirve la vida rosa cuando lo divertido está en entrarle a la vida y sus sinsabores?

Al final, lo que más me gusta para encender la imaginación y echar el deseo a andar es leer relatos eróticos. Tengo en casa algunos libros –ya después les iré dando recomendaciones– pero más que los de la gran literatura me encanta ver lo que otras personas en el mundo escriben, normales como yo o tú, que lees esto. Lo que me gusta de estos relatos es que dan a conocer lo que motiva el encuentro sexual, más que el simple hecho de que una mujer de senos gigantes de repente ya esté encuerada y empiece el soundtrack de gemidos y gritos.

Otra de las alternativas es un juego que me gusta y es probar con el tacto a acariciarme con distintas cosas, explorar sensaciones es una de las experiencias que más disfruto. Pruebo con hielos y cosas frías, o cálidas, lisas o rugosas, hay un sinfín de posibilidades. Frutas, telas, aceites, cremas, incluso flores.

Otra de las alternativas más comunes es el uso de la imaginación, así de simple como tirarse sobre la cama y dejar a las fantasías hacer el trabajo. Soñar con el hombre amado, el amante de carne y hueso que podría aparecerse en algún momento, que en ese momento es capaz de leer nuestros pensamientos, que lo imaginamos dulce en un inicio y que probablemente se desboque conforme avanza el tiempo. Imaginar que el dildo que me acompaña es el reflejo de lo que deseo.

Decía al inicio que en realidad lo importante no es el placer en sí mismo, lo decía porque en realidad por medio de todo esto toda mujer obtiene algo mucho más valioso, el reconocer nuestro propio cuerpo y la capacidad de poderlo llamar propio.