Cuando le comenté a mi mamá sobre lo que hago en este blog, contrario a lo que se esperaría, ya incluso quería saber si me hacían descuento o recibía productos a prueba, todo un caso. Lo que me sorprendió de su entusiasmo es lo mucho que sabía, más de lo que yo pensé que existía. 

Le pregunté de dónde salía tanto interés, ¿por qué una mujer de 75 años sabía tanto del uso de juguetes sexuales? Mi padre sigue vivo, un poco más cascarrabias, pero siempre le ha echado ganas (vi en alguna ocasión que tenía una caja de viagra en el baño).

Mi señora madre me contó que le habían diagnosticado con algo que era consecuencia de la menopausia, la atrofia vulvar y vaginal, que de lo que entendí, consiste en una de las enfermedades que pueden derivarse de la menopausia y que genera dolor durante las relaciones sexuales, tener sequedad vaginal, incluso irritación. Suena terrible.

Mi madre aprovechó entonces para darme una lección, cuando la vida nos da limones la limonada que nos espera puede ser dulce y refrescante. No les cuento la versión larga porque de otra forma no acabo. Me contó de la vergüenza de los primeros días, cuando descubrió los dolores y como se lo calló al inicio, también del momento en que se le plantó en frente a mi padre y le dijo que eso no podía seguir, que no sabía qué pasaba, pero que había que cambiarlo.

También me contó de la visita al ginecólogo y del momento crucial en que decidió hacer limonada, incluso, ya que estaba en eso un mojito. El médico le planteó varias opciones, pero mi mamá me dijo que lo vio como una cuestión de dos opciones: pastillas hormonales para equilibrar al cuerpo, o el uso de lubricantes. Ella, que no es mucho de medicamentos optó por la segunda opción y se lanzó a probar y experimentar.

Para ella funcionó de esa forma, pero después, en el afán de saber si con eso basta me puse a investigar si era una cura que funcionaba para todas, si se trataba de una solución mágica en la que basta con trabajar bien los músculos y darle un adecuado mantenimiento. Que por lo que me encontré en el camino podría ayudar, pero que no es la respuesta para todas las mujeres que puedan atravesar esa otra parte de crecer pueden tomar. Ya cada una irá con su especialista y encontrará una forma de hacerle frente.

Sin embargo, creo que lo que más me impresionó de hablar con mi mamá sobre este tema era la lucha por el placer, no porque esté ella con unos 65 años (aproximados, que no quiero regaños después) éste ha dejado de ser una preocupación para ella o mi papá, lo buscan, se lo provocan entre sí y, afortunadamente, se lo guardan para ellos mismos. Espero que si alguna lectora está pasando por lo mismo, esté dispuesta a enfrentarse a esta condición para que la cama no sea un suplicio, sino todo lo contrario.