Toda mujer sabe que los senos son una gran sorpresa y a la vez una curiosa incógnita para los hombres, en ellos reside la manía y la fascinación de muchos. También son el espacio que obedece a nuestros caprichos, jugamos con ellos, usamos su espacio para esconder cosas como el dinero, el celular o el encendedor. Los mostramos o los escondemos dependiendo del lugar y de la ocasión, son el centro de atención en fiestas y al momento de ir a la playa, así como el factor que no queremos que se considere cuando, por alguna razón, queremos ser tomadas en cuenta.

La mayor parte de las mujeres sabemos desde ellos si una pareja valdrá la pena o no, la forma en que trata los senos siempre dice algo sobre el amante que tenemos por delante, arriba, abajo o detrás. No soy psicóloga o tengo teorías extremas como para pensar que sea un punto determinante o que baste eso para distinguir a una pareja buena o no en la cama, ojalá fuera tan sencillo como eso, pero es probable que alguien que se salte la posibilidad de jugar con ellos, no se dé el tiempo de disfrutar o de hacernos gozar con el juego previo.

Últimamente he disfrutado mucho de ellos, mi pareja a dedicado especial atención a mis senos a partir de que se dio cuenta del potencial que tenían para excitarme. Algo pasa con él que el hecho de que las caricias, los gestos o los diferentes contactos que pueda hacer me exciten lo motivan o lo llevan a perder poco a poco la cabeza, como alimentar un fuego. Así que ahora mis senos se han convertido en ese punto de inicio para el incendio.

Cuando le conté a mis amigas, una de ellas se emocionó y me contó que ese camino la llevó a encontrar un orgasmo que parecía no existir. Los senos, la estimulación y el juego con la tensión y el ritmo, junto con una buena dosis de paciencia, me dijo que son la receta para llegar ahí.

Parece que el que persevera alcanza y que las caricias y el placer desbordado en el lugar exacto en el momento correcto es capaz de lograr desenterrar un orgasmo que viene de los senos, salido del pecho.

A este juego con los senos se pueden sumar muchos juguetes y aditivos, es una excelente parte del cuerpo para jugar con los lubricantes, sobre todo los de sabor y esos que hacen cambio de temperatura. La rusa o cubana, dependiendo quién se las haya contado, no deja de ser una excelente opción ya que se está sobre ese camino.

Es curioso que parezca que el sexo puede reducirse y hacerse predecible cuando hay tantas opciones y miles de cosas por probar, más cuando además somos seres en constante cambio, que cada día el cuerpo parece ser el mismo y uno nuevo. El secreto que esconde la pasión a veces está en los senos y el placer que se alza con los pezones.