He pasado por una temporada de trabajo bastante pesada y en estos días por fin me ha quedado en claro a qué se refieren con las consecuencias del cansancio. No sólo se trata de la distracción en aumento y las complicaciones para concentrarme e incluso poder organizarme. Pero las consecuencias no paran ahí. Se trata también de cómo afecta a los sentidos y a nuestra sexualidad.

Afortunadamente a las mujeres no nos afecta de la misma forma que a los hombres, ellos sí pobres, tienen que echarle ganas. ¿Qué consecuencias puede tener en nuestra sexualidad? Precisamente la cama termina por ser un reflejo de los elementos más fundamentales de nuestras vidas, no sólo de cómo entendemos el placer, sino que también de cómo nos relacionamos con las otras personas, nuestra intimidad y la idea que podamos tener de nosotras mismas.

El cansancio y el estrés son enemigos de nuestra felicidad porque indican que el exterior nos ha sobrepasado y ocupa más en nuestras vidas de lo que debería. Me refiero a esas ideas ya cada vez más difundidas en las que hay que saber dejar el trabajo afuera de ciertas áreas de nuestras vidas, los problemas familiares lejos de la oficina, el amor y las relaciones fuera de la vida profesional. Cuando las cosas se mezclan al final puede que no salga tan bien, no toda combinación termina en pozole.

La consecuencia más fuerte en nosotras tiene que ver con uno de los miedos más grandes en toda mujer soltera que aprecie su vida actual es que la menstruación no llegue. Esos atrasados inesperados terminan sólo por aumentar el estrés y con eso la idea del sexo desaparece de nuestras mentes.

No sólo eso sino que también puede llegar a afectar la lubricación de ciertas mujeres. Ayer, cuando por fin terminamos con el proyecto y salimos a tomar unas copas las chicas de la oficina y yo, conseguí un par de revelaciones que comparto con ustedes. Una de estas chicas no disfrutaba para nada su sexualidad porque sufría su falta de lubricación. No sólo era el trabajo, sino que lo que la dejaba así era tener una madre que la tenía limitada por todos lados (le marcó unas cinco veces en una hora después del trabajo).

Al final lo que puede salvarnos de llegar a este punto tiene que ver con tener espacios para poder tener un respiro. Yo por eso tengo mi colección de juguetes sexuales, un desahogo justo y necesario después de un día largo en el trabajo y que me permite decir que hubo ese día algo por lo qué sonreír.

No que haya sido la única razón, pero el pequeño estremecimiento del orgasmo es una alegría grande en medio de cargas de trabajo que parecen no tener fin. Mi dildo me consigue al menos una pequeña muerte que me deja olvidar todo por un tiempo. Para los siguientes días toca desquitar y eliminar con el placer las huellas del estrés.