En alguna ocasión ya he comentado sobre la importancia de tener límites y de no mezclar algunos aspectos de nuestra vida con otros. Por ejemplo, siempre he tenido una política en contra de establecer relaciones amorosas de cualquier tipo con las personas en el trabajo, así como en la medida de lo posible no busco  trabajar con mis parejas.

Siempre he tenido la impresión de que cada quien debe tener su propio espacio profesional, además de que ya he pasado por ese momento en el que todo acaba y se debe seguir con las relaciones de trabajo. Sin importar que las cosas no hayan terminado mal, convivir con un ex siempre termina por ser incómodo, aunque yo siempre he cuidado que la persona que se sienta fuera de lugar sea él y no yo. Todo empieza por dejar atrás el pasado.

Aunque toda regla tiene su momento en el que se rompe. Afortunadamente no me ocurrió a mí propiamente, quiero decir que sí, que rompí la regla, pero que en realidad no lo hice. Soñé con un compañero del trabajo. Ya he soñado con todo el mundo en la oficina, en ocasiones cosas rutinarias como vivir un día de trabajo normal, otras veces son cosas más divertidas como estar sumergida en medio del mar y ver a la recepcionista abrir la puerta a la ciudad de Atlantis.

En esta ocasión soñé con el nuevo de la oficina. Que no es que esté pensando que haya sido una debilidad, un problema o algo que no haya debido ocurrir. En realidad disfruto mucho de esos sueños eróticos en los que la mente se inventa nuevos deseos por cumplir, no sólo eso sino también la manera en que al despertar queda esa sensación de profunda excitación, que se vuelve mejor cuando se tiene la oportunidad de terminar lo que la mente echó a andar mientras se duerme.

Los sueños se encargan de decirnos que hay deseos, pulsiones y sentimientos que no podemos controlar, las fantasías y las impresiones más extrañas o absurdas se cumplen en ellos porque en cierta forma deseamos vivirlos en cierta medida. Como la vez que soñé que era un hombre teniendo relaciones con mi novio o aquella vez en que tenía sexo conmigo.

Debo confesar que ahora cuando lo veo en la oficina me da la impresión de que ya nos conocemos bien. Dicen que los sueños son momentos en los que nuestros espíritus vagan por el mundo. Aunque también no falta quienes buscan problemas con las figuras paternas en todo lo que ocurre, eso de que el subconsciente traiciona obsesiona a más de uno.

Ese momento en el que nos dormimos se encarga de mostrarnos que los límites que nos ponemos pueden modificarse y cambiar en cualquier momento, incluso que nosotras mismas deseamos que desaparezcan de vez en cuando, que la libertad de los deseos, de los apetitos y los antojos ande desatada unos minutos y nos ponga una sonrisa en la cara. Para eso tenemos el juego y la fantasía sexual.