Platicaba recientemente con una amiga sobre el trabajo, cómo hay ocasiones en las que no puedes mostrar cariño en ciertos espacios, la oficina, con los subordinados y parte del equipo de trabajo, o en un salón de clases, por ejemplo, si tienes el valor de dedicarte a la docencia (varias de mis amigas se irán al cielo sólo por eso).

Lo que ocurre, decíamos, es que no todos están preparados para recibir amor, si alguien se encuentra con una persona que muestra amabilidad lo que suele hacer es buscar aprovechar el afecto o la amabilidad como una posibilidad de no cumplir con los acuerdos. La conclusión nos pareció muy clara: el amor no se lo puedes dar a todos. Hay ocasiones en las que nos toca interpretar el papel del mandamás y presionar para obtener los resultados, no se lo tomen personal.

Para el amor tenemos que tener otros espacios en la vida. El primero de ellos los brazos de la persona amada, el segundo la cama, de ahí en adelante. Porque de otra forma estaríamos buscando el amor donde no, en lugares extraños donde las personas nos podrían devolver cosas todavía más extrañas que no queremos.

Es muy sencillo, hay que querer de la forma adecuada a las personas correctas. No se le llena de besos y abrazos al hombre que no es capaz de dedicarnos ni una sonrisa, como tampoco se trata con la punta del pie a la persona que, a pesar de lo mucho que podamos despreciar, nos trata con cordialidad. Es un lenguaje extraño el del amor.

¿Pero qué se hace cuando no se tiene ese espacio con alguien más? Hay una parte importante en querer que es la respuesta, cuando no tenemos una respuesta las cosas no funcionan bien. ¿A dónde voy con todo esto? A lo que ya he dicho y siempre diré, debemos tomar el placer en nuestras manos, la respuesta a nuestro cariño primero debe estar en nosotras mismas y después ya podemos invitar a otras personas a recibir el amor que sabemos dar.

La receta para el amor propio empieza con la masturbación, un dildo siempre ayuda, las balas vibradoras también lo hacen muy bien. Los siguientes pasos tienen que ver con la aceptación, una persona que vive peleada consigo misma estará en conflicto con todo a su alrededor. En cambio, alguien que se sabe dar el espacio para quererse, que se dedica un orgasmo o dos a la semana, seguramente sonreirá con otra frecuencia.

Para las personas que sólo puedan sentirlo con una pareja, las invito a darse el tiempo para disfrutar de sus propios cuerpos, porque el primer espacio donde debe encontrarse el amor es en el cuerpo de una misma. Después, pueden pedirle a su pareja que lo busque con los ojos cerrados. A ver a dónde lo lleva el instinto, si se pierde puede que encuentre otro camino. Nada está escrito cuando se trata de la felicidad.