Quizás esté de sobra decir cómo se puede mejorar la masturbación o cómo se debe hacer para alcanzar el orgasmo. A su manera se trata de algo intuitivo, un placer que se trae dentro y que parece que hay acariciar para que brote, como fuente de agua o como brote de la tierra. Me refiero a que un día aparece una imagen, un hombre (para parte de nosotras) que nos hace abrir los ojos al placer de la sexualidad y que nos despierta el cuerpo. Algo parece que se enciende y empieza a andar.

Hay muchas posibilidades para que empiece a rodar el engrane, recuerdo que para una amiga todo empezó con las telenovelas, lo que podría explicar su tendencia al drama. Otra, siempre soñó verse entre los brazos de Brad Pitt, aunque no recuerdo en qué papel era –cuestión aparte, yo creo que no estaría mal en su versión de El club de la pelea–. La vida pone en nuestros caminos razones, unas más justas que otras, para abrir paso a nuestra sexualidad y a partir de ese momento empieza la exploración de nuestro cuerpo.

A los hombres les pasa algo similar, un primo en alguna ocasión me contó que se había dado cuenta de que era heterosexual cuando vio a Jessica Rabbit. Me comentó que la fantasía tenía que ver con que era parte del mundo que él amaba, el hecho de que fuera una caricatura la hacía accesible de alguna forma. Entonces empezó a sentir el hormigueo.

Cuando descubrí de lo que era capaz de sentir empecé a probar lo que el tacto podía ofrecerme. Eso creo que es lo que toda mujer debe buscar, jugar con los diferentes ritmos, la fuerza o la caricia, la forma en que se toca hace diferencias importantes. ¿De qué otra manera se puede conocer las innumerables rutas que esconde el cuerpo para llegar al orgasmo?

No sólo en el clítoris se esconde el secreto para la satisfacción y no existen recetas mágicas para hacerlo bien, pero si algo me han enseñado los momentos de soledad y satisfacción es que también hay días en los que funcionan mejor unas cosas que otras. Hay que hacerle caso al cuerpo y escuchar cuando nos dice con ese pequeño calor o casi temblor que en ese punto o quizás un poco más arriba y a la derecha se encuentra la sensación que hemos estado buscando.

Así fue que me inicié en estas artes, con una imagen que se me quedaba colgada en la cabeza, empezaba a imaginar, también sentir el llamado del cuerpo. Sé que hay algunas personas para las que no fue tan natural, pero ya que se conoce lo que tiene más sentido es seguir el camino y explorar los rincones de nuestro propio cuerpo.

El siguiente paso, para toda tímida lectora que esté pasando por aquí, es empezar con la colección de dildos. No porque después del primero siempre se necesite de otro, sino porque una vez que se inicia con los juguetes sexuales, lo difícil es parar.