Hace poco volví a ver la película Luna amarga, que para quien no la haya visto es una recomendación, deben verla si les gustan las películas que hablan sobre las relaciones amorosas y eróticas, sobre todo por el enfoque que tienen en relación con el erotismo y las pasiones que se desbordan.

Lo importante de esta película y la razón por la que la traigo a colación es porque en la historia podemos observar cómo en diversas ocasiones la pareja crea diferente juegos para alimentar su pasión, aunque no siempre están ambientados de una forma en que parezca que todo nace del placer y el amor, sino que continuamente hay tonos de amargura o dolor. Esa parte de la historia no es la que me interesa en este momento. Eso lo dejo para las pláticas de café con mis amigas que juegan a ser intelectuales.

Es curioso como se suele pensar que los juegos eróticos deben entrar a una relación en el momento en que las cosas empiezan a perder la diversión o se vuelven monótonas. Ahora que la medicina preventiva está de moda, creo que lo más importante en una relación es eso que llaman mantener la llama encendida (siempre me ha parecido que se habla de la cocina con esa expresión), que el interés sexual y la tensión que llevo a que la pareja se acercara continúe por ahí, cambiando, transformándose y nutriendo a ambos.

Es cierto que la vida diaria nos pide tiempo, que no podemos dedicar todos nuestros días al placer y al sexo, a esa seducción constante y deliciosa que nos haga perdernos el uno en el otro. La vida no funciona de esa forma y nos pide que nos hagamos parte de las responsabilidades, pero no por eso hay que perder de vista lo importante, dejar de jugar y provocar a nuestra pareja.

¿Cuál sería el truco para que la sexualidad se mantenga interesante? Creo que es sencillo, es dejarse llevar por la imaginación y por el deseo de vez en cuando, no es necesario cometer locuras como tener sexo en el elevador, aunque puede ser muy divertido, pero quizás en el desayuno puede dar inicio un juego que sea verdaderamente erótico. Empieza todo con un gesto, una mirada, una insinuación que se responda.

Es importante que tengamos en cuenta la respuesta de la otra persona, recuerdo bien una vez que durante el desayuno, después de una fiesta, intenté empezar a seducir a mi novio, fue un fracaso total porque él estaba todavía crudo y lo que necesitaba era dormir. Yo le eché un poco de miel de maple en el cuello para lamerlo, pero por alguna razón la sensación llegó en el momento en que tuvo que ir al baño porque se sentía mal, al final regresó con la miel de maple embarrada y ya pegostiosa.

La seducción es algo que se debe poner en práctica constantemente y que debe mezclarse con una buena comunicación, con eso ya se debería estar del otro lado.