Siempre me han gustado mis piernas, no es que sean despampanantes o que sean largas y terriblemente sensuales, pero me parecen bellas y me gusta lucirlas, mientras más libres estén me parece que más en contacto estoy con el mundo. Además, me encanta ver cómo las personas voltean a verlas como si no se pudiera evitar, las piernas tienen eso.

Mi pareja desde que lo conocí siempre me dejó claro que es algo que le fascina, sobre todo cuando están envueltas en medias. En cada ocasión que las uso termina muy excitado y el sexo se vuelve maravilloso, nunca ha demostrado ser especialmente un fetichista de gustos muy específicos, sino que siempre se despierta su deseo porque hay imágenes que lo motivan de forma muy particular.

En una ocasión le pregunté más sobre las razones que hacen que las medias sean tan sugerentes para él, me contó de las imágenes, como en ciertas películas las mujeres con medias se le han hecho muy seductoras. Se trata de algo en el tacto que hace que la piel desde lejos tenga otras texturas y esa suavidad de los materiales incitan a tocar.

Recuerdo que una de sus primeras peticiones en el sexo llegó con las medias, me pidió una vez que me las dejara y eso parece que lo volvió loco. Al inicio de la relación esto nos llevó a conocernos más y a dar un salto en la comunicación y la intimidad. No se trataba de tener secretos o miedo de conocernos, pero hay temas que sólo surgen cuando aparecen motivos para hablar sobre ellos. Las medias fueron la entrada triunfal para las fantasías y los fetiches, a partir de ahí empezó un camino a explorar que no se nos había ocurrido empezar.

Primero empezamos con los fetichismos de las prendas, experiencias que alguna vez habíamos imaginado o probado antes y que tomaron más sentido cuando la persona con quien lo compartes entiende que el placer de interactuar con el cuerpo y una prenda implica más que sólo vestirse de otra forma. El cuerpo cambia según cómo se presenta, seduce por cómo se muestra a los demás.

El placer que le provocan las medias tiene que ver, me decía en alguna ocasión, con que parecen parte de la desnudez, son algo intermedio entre cubrir y enseñar. Esa cuestión siempre ha sido algo que le ha gustado, como los antifaces que ocultan parte de la identidad y que pareciera que disfrazan.

Yo lo que le pedí fue meter una corbata durante el sexo, desde tener de donde jalarlo y dominarlo de alguna manera hasta como después pasa a jugar en mi contra y termino de manos atadas. Es curioso como esa prenda de seriedad y que se aparece mucho en las figuras de autoridad puede ser tan útil en los juegos sexuales, incluso, para las personas a las que les gusta, es excelente para los azotes suaves y un poco de asfixia.