En esta ocasión no pretendo alabar las razones por las que es indispensable hacer ejercicio, no se espanten, al menos no quiero acercarme a los argumentos del vientre plano perfecto, de eliminar la grasa o cuidar la alimentación, sino que prefiero hablar de cómo el ejercicio se vincula con el placer sexual,  más allá de lo que se dice sobre el aguante en los hombres o liberación de tensión.

Sobre todo porque no pienso en crossfit, correr o hacer yoga; sino que se trata de los ejercicios de Kegel, que se trata de aquellos que se realizan para fortalecer la pelvis, tanto en hombres como mujeres y –esto es lo importante– se dice que aumentan el placer durante el sexo. Justo en ese afán es que empecé a entrenarme al respecto.

¿Cuáles son los pasos a seguir para empezar a ejercitar el placer?

1)    Identificar los músculos. No para todo el mundo es fácil saber si algo se está o no moviendo, pero hay una forma de saberlo, la siempre confiable autoexploración y la práctica, mucha práctica.

2)    Plantear una rutina de ejercicios. Aunque no se trata de un ejercicio de alto impacto no hay que asumir que no puede haber lesiones. No le deseo a nadie un desgarre. Lo que he visto que se llega a sugerir son repeticiones rápidas (que es lo mismo que apretar y soltar lo más rápido que se pueda) alternadas con mantener sostenido. Sé que quien haya pasado ya por el punto uno sabe de lo que hablo.

3)    Ejercitarse en pareja. Creo que es el paso que más vale la pena. Leí en algún lado (la curiosidad es una virtud) que incluso tiene un nombre, se le conoce como pompoir o beso de Singapur, se recomienda como una de las actividades más placenteras. No les daré spoilers, que esos no le agradan a nadie, pero se los recomiendo. Consiste en ir despacio, mover esos músculos ahora descubiertos y entrenados, sacarles provecho y ser feliz, mucho.

Dicen que estos ejercicios son lo que se necesita para lograr la eyaculación femenina, el famoso squirt que parece algo sacado de una película de ciencia ficción, pero de las buenas. Al final lo que pasa es que como todo ejercicio necesita práctica, entrenamiento y dedicación; así que, como en todo, no se decepcionen si no les sale a la primera, mírenlo como un buen pretexto para practicar más.

Yo empecé este fin de semana y ahora que tengo bien ubicado el mentado músculo ése (pubocoxígeo, ya lo googleé) puedo practicar camino al trabajo, durante las juntas o la hora de la comida. Una buena forma de invertir el tiempo, preparando al cuerpo para lo que realmente importa, el amor del buen y duradero.

La única preocupación que llego a tener es si en algún momento, con tanto ejercicio de  Kegel, se puede llegar a desarrollar tanta fuerza como para lastimar a alguien… La cuestión, me imagino, es no excederse.