En estos días me encontré de frente con mi ex en medio de Perisur. Tendría que ser un poco tonta para pensar que nunca lo volvería a ver. Es curioso como en ocasiones te encuentras con una antigua pareja y sientes que has perdido algo valioso, otras veces estar frente a él sólo sirve para decir, si todavía había dudas: “Hice lo correcto”. No se trata de una cuestión de echarle tierra, de decir que es un desgraciado y que es igual a los demás; sino que lo que me importa resaltar es que para cada roto hay un descocido.

No voy a mentir, el sexo era bueno, aunque él se veía intimidado a veces con mi deseo. Con él presentarle mi dildo fue todo un caso, me hubiera sentado bien a prepararlo para la noticia. También tenía una necesidad constante de controlar muchas de las cosas que ocurrían a nuestro alrededor, eso con el paso del tiempo se volvió asfixiante, más para alguien como yo que suele despreocuparse por la ruta que hay que tomar, la marca de queso o qué es lo que voy a comer a lo largo del día.

Soy una persona creativa, me gusta experimentar y probar diferentes caminos en mucho de lo que hago en mi vida. No se lo recomiendo a las personas que están interesadas en los resultados, pero si lo que les gusta es divertirse en el camino, creo que es una buena forma de enfrentar lo cotidiano. Pocas veces me aburro. Era curioso ver cómo para él mis extrañas soluciones terminaban por convertirse en parte de los problemas. Al final luchaba más por hacerme entender que el mundo funcionaba como él decía, no conseguíamos ponernos de acuerdo. Sí, esa relación no era para mí. Cuando estaba todo por terminar me di cuenta que mi dildo y yo estábamos más unidos que nunca.

Antes de encontrarme con el chico con el que he estado saliendo y que me hace feliz, hice de mi tiempo algo como un templo. Insisto, si alguien no ha pasado por una época así, tiene que hacer algo con su vida de inmediato. Decidí que mi deseo no tenía por qué espantar a nadie, que podía viajar a donde yo quisiera, cuando me pareciera mejor tiempo y de la forma en que se me pudiera ocurrir. Mejoré mi desempeño en el trabajo y hasta empecé a ir a talleres. Empecé a recuperar cosas que en medio del torbellino había perdido.

Luego llegó Él, creo que lo que terminó de inclinar las cosas a su favor fue la sorpresa que le causaba mi mundo cotidiano, parecía haberse encontrado con un tesoro o algo así. Hay momentos en los que sabes si las cosas van por buen camino o no. El punto decisivo, ya lo comenté en algún momento, fue cuando le presenté mi dildo y le abrí las puertas a la forma en que me gusta vivir mi sexualidad. Todavía me acuerdo. Su sonrisa iba de oreja a oreja. Creo que estaba emocionado por iniciar una relación conmigo, mi dildo y mi forma de desear.