Sigue el chisme del fin de semana, aunque las cosas dieron un giro inesperado. Yo pensaba que la relación estaba destinada a terminar y que dentro de poco iba a llegar el camión de la mudanza, el desfile de la vida en forma de muebles, uno tras otro hasta que la historia de amor dejara vacío el departamento. Pero no fue así.

Los vi al día siguiente sonriendo de salida en la tarde, luego en la noche reían por las escaleras, cualquiera diría que se acababan de enamorar. Así que decidí posponer mi visita al estilo de los testigos de Jehová sobre las mejoras posibles en su vida sexual. No significa que no crea que esta mujer necesita explorar su sexualidad, pero también debemos saber que a cada mujer le llega su hora. El momento en que se da cuenta de que el placer también proviene de nosotras mismas.

El amor tiene caminos difíciles de entender y le pasa a todos, ver una pareja que parece que no tiene sentido y que lo mejor para todos es que termine, es extraño cómo puede ser evidente para todos, excepto para ellos. Dicen que el ser humano se puede acostumbrar a cualquier cosa, sin embargo, hay que tener cuidado. Nadie quiere acostumbrarse al mal amor.

La receta que yo tengo para conocer la forma en que debemos amar y queremos que lo hagan con nosotras es con la práctica y la experimentación. No es en balde que crea que explorar nuestra sexualidad sea un deber. Una mujer que no se masturba está destinada a depender de alguien para encontrar el placer.

No quiero decir que la vecina no se masturba, ¿quién soy yo para saberlo? Todavía no sé de ninguna señal física que lo indique. Todo el mundo sabe que la leyenda de la mano peluda es sólo una historia curiosa. Pero lo que sí quiero dejar en claro es que una mujer que no se encarga de su propio placer, no se puede hacer cargo de su vida. Ya sea que siempre encuentre una forma de tener a una pareja para su satisfacción o que no le importe y sea feliz viajando y compartiendo con la gente que ama.

El placer tiene muchas manifestaciones y hay que saborearlo con su debido tiempo. Se aprende mucho de eso con la masturbación, hay que darse el tiempo, sentir y disfrutar. Hay veces que hasta parece una forma de meditación. Dicen que hay las que en ese momento hablan con Dios.

Yo en lo personal disfruto mucho ese tiempo conmigo misma, sin ese espacio creo que no disfrutaría tanto compartir mi sexualidad con mi pareja. ¿Qué persona valora la compañía realmente sino disfruta la soledad? Es, para mí, una cuestión de valorar a la otra persona por lo que es capaz de darnos, más que por la forma en que nos sirve para llenar un hueco o nos quita ese miedo al silencio.