A pesar de lo mucho que me gustan los cócteles, el Sex on the beach nunca me ha gustado aunque el nombre me parece más que sugestivo. Me parece que es muy dulce y no es precisamente el que tiene mis sabores favoritos

En algún momento creo que hablé sobre la experiencia del sexo en la playa, las complicaciones que tiene, por qué puede resultar atractivo y cómo a veces es mucho más glamorosa la idea que el momento en el que se realiza. Recuerdo que la primera vez que lo hice terminé con las rodillas raspadas y llena de arena por todos lados. Algo parecido como lo que pasa cuando se tiene sexo dentro del mar, dependiendo del oleaje y de cómo es la corriente se puede meter la arena en los lugares menos pensados.

Las cosas en la vida suelen suceder de esa forma, hay que tener en cuenta siempre que las cosas no pasan como las imaginamos, como nos las hacen creer o como podría ser, sino que cada aspecto de la vida y de nuestra sexualidad tenemos que hacer que atraviesen por el filtro de nuestra propia experiencia.

Este fin de semana pasado apareció una oportunidad que me hizo pensar en todo esto porque pude escapar a la playa con mi pareja y unos amigos por un par de días de la forma más inesperada posible y me dediqué a probar nuevas experiencias como el buceo, que puede no ser gran cosa, pero me parecía que necesitaba saber de qué se trataba.

En cierta forma este tipo de actividades en las que se rompe lo esperado, donde la rutina desaparece y nada se planea trae a la vida y la sexualidad aires nuevos que ponen la alegría al alcance de la mano. Para eso no se necesita de mucho, sólo salir a explorar nuestro alrededor y estar dispuestos a aceptar nuevas cosas y personas.

Este fin de semana el jugueteo sexual fue diferente, cómo estábamos con nuestros amigos no nos dedicamos a disfrutar de nuestra intimidad, sobre todo porque el objetivo del viaje era compartir y disfrutar de la amistad y de la relación que tenemos con ellos, incluso el sexo fue un poco más calmado que otras veces y el atrevimiento parece que se quedó un poco de lado.

A pesar de que pareciera que fue más aburrido que otras veces, la ruptura de la rutina estuvo en eso, en que el sexo fue más acogedor que otras veces, como si la calma le hubiera dado un cambio de ritmo en el que la prioridad fue la demostración de cariño. Con todo y el coqueteo en el agua, los roces al momento de ir a bailar a algunos bares y las insinuaciones constantes que no podemos evitar hacernos, el sexo no terminó por ser una sinfonía de gritos y gemidos como otras veces. Me imagino que algunos vecinos estarían felices de que siempre fuera así.