Entre las fantasías que se suelen tener nunca falta la de tener relaciones sexuales en el exterior, fuera de los espacios de intimidad y de resguardo que son la cama y el cuarto, la sala o el baño. Si hay que explicarnos por qué nos puede llamar la atención hay que decir que no se trata precisamente del placer que puede causarnos estar fuera de casa, o que es más cómodo. Sino que los cambios, hacer las cosas de otra forma, siempre consigue generar una actitud diferente acerca de lo que es tener sexo.

Por ejemplo, la fantasía de hacerlo a la orilla del mar, acompañados del vaivén de las olas y ese bello entorno que implica el océano no parece ser el paraíso que muchas veces nos prometen. ¿Qué pasaría si la arena hace de las suyas? ¿Qué se hace si en medio del sexo una ola decide dar un revolcón? Esas partes en las que se tiene que pensar en la realidad y las complicaciones que puede presentar lo hacen todo un poco menos divertido.

Recuerdo mucho que una amiga lo que decidió hacer es que, para evitar la mayor parte de los inconvenientes, optó por ponerse en cuatro, como dicen los Amigos invisibles, pero el resto del viaje se terminó quejando porque las piernas quedaron raspadas por los siguientes tres días. Le recomendamos usar una toalla, pero como nos dijo (con toda la razón del mundo): ¿quién se va a poner a pensar en una toalla cuando apenas te acuerdas del condón? A fin de cuentas el amor y el placer nos alcanzan en momentos inesperados.

Entre los lugares favoritos para el sexo al aire libre está también hacerlo en medio de la vegetación, ya sea de un bosque o de una selva, sino también existe la versión urbana y los parques se vuelven lugares no sólo para andar de manita sudada. No dudo que sea mucho más cómodo y amable con la piel, pero entre los insectos y los animales de la zona (incluyendo vagabundos y visitantes frecuentes) hay también riesgos a considerar. Si lo que se busca es disfrutar del verde del paisaje hay otras formas de lograrlo.

Eso sí, no estamos siempre pensando en que las circunstancias se cumplan a la perfección para entonces dar rienda suelta a cumplir con los deseos del cuerpo. Tampoco es que nos comportemos como animales y donde nos agarre tengamos que dejarnos llevar por las necesidades que podamos tener. Lo que sí ocurre es que hay veces que el universo parece alinear una serie de eventos para que nuestros más profundos sueños se cumplan. En esos casos lo que corresponde es poner de nuestra parte.

Sí, puede que terminemos con las rodillas raspadas, el pantalón manchado o incluso una pequeña infección para aquellas que decidan hacerlo debajo del agua, en algún lago o en el mar. En ese caso habrá que valorar si estamos dispuestas a correr el riesgo. O, en cualquier caso, como decía mi amiga: ¿quién tiene tiempo para pensar en eso?