Siempre he sido partidaria de la libertad y de evitar cualquier cosa que parezca represión, sobre todo porque ya pasé mucho tiempo de mi vida dejando a un lado lo que realmente me gusta por lo que alguien más podría pensar. En muchas ocasiones era algo que en cierta forma tenía que hacer porque no era independiente y vivía con mis padres, luego estuve viviendo en una casa donde las reglas eran absurdas y me tocó buscar otros espacios donde hacer lo que realmente quería, se volvía un poco más incómodo cuando por alguna razón debía pasar tiempo en casa de algún familiar.

Incluso no se trataba sólo del sexo, estaban las horas de llegada o las dificultades de llevar amigos a la casa. No hay nada como el hogar, porque es donde realmente podemos ser libres y no tener presión por lo que alguien más podría pensar, creer o decirnos. Lo importante es que cada quien se sienta cómodo. Por eso, con el tiempo me di cuenta, no es necesario abandonar todo lo que realmente se desea sólo por seguir las reglas de alguien más, sino que se puede ser libre mientras las personas alrededor no se den cuenta.

Cuando una persona piensa que las cosas están cómo lo espera la convivencia se vuelve más agradable. Siempre hay momentos en los que es mejor ceder para evitar conflictos innecesarios, pero no por ello se deja que alguien más decida por nosotros. Por eso es que el arte del sexo en silencio es algo importante que cada persona que desee romper algunas reglas de vez en cuando debe desarrollar la habilidad de disfrutar de forma secreta.

Sobre todo porque no se trata de ir por la vida echándole en cara que se tiene sexo en cualquier lugar, escabullirse para disfrutar de un momento de intimidad con nuestra pareja es algo que genera algo especial entre ambos, pero que se puede romper en el instante en que alguien toca a la puerta para saber qué es lo que está pasando en el momento en que se escuchan gritos y gemidos repentinos, caída de materiales, platos que se estrellan en el piso. Conviene saber guardar las apariencias para evitar que el placer y la diversión se interrumpan porque alguien se asome en un momento donde saber guardar silencio hubiera hecho que terminara en un orgasmo y la felicidad plena.

Al final, ya que se termina la aventura, el pequeño momento de romper las reglas, ya sea después de un día o dos, una semana quizás, existe un gran placer en visitar los lugares donde fue posible escabullirse, ver que no hubo consecuencias y que pasó desapercibido, que la oficina no sólo es un lugar de trabajo, que en los espacios donde parece que somos sólo personas que se dedican a trabajar podemos entrar en las dinámicas de la vida privada, de los lados más humanos de nosotros, donde el placer más instintivo puede florecer.