Puede que, para las personas que no me conocen, para este momento piensen que soy una mujer destrampada, que no tiene llenadera ni respeto por los vecinos, la comunidad o la sociedad. Como yo lo veo no se trata de eso, sino que en un momento de mi vida me di cuenta de que no iba a dejar de vivir por aquello que las personas podrían pensar o que iba a cuidar lo que dijera o hiciera por lo que alguien más pudiera sentir, hacer o pensar al respecto.

Tampoco es que vaya por todos lados pensando en incomodar a las personas y que no pueda controlarme nunca. Sólo ocurre que hubo un momento de mi vida en el que me di cuenta de que me detenía por lo que alguien más pudiera decirme y creí que era buena idea que si alguien iba a tener esa capacidad de decisión en mi vida debía ser yo.

Parte de esto me vino a la cabeza porque ocurrió algo curioso en estos días. Llegué a mi casa con mi pareja justo para tener sexo. Era algo que habíamos estado deseando mucho porque a lo largo del día estuvimos provocándonos así que nos lanzamos al sexo a la manera más salvaje que pudimos, no estábamos pensando mucho y hubo algo que se nos olvidó: cerrar la ventana.

No creo que sea algo para preocuparse realmente, pensaría en que estamos empezando a ser voyeuristas, en realidad no nos dimos cuenta hasta que terminamos. No conseguí darme cuenta si alguien nos habrá visto, pero para el momento en que nos dimos cuenta no alcanzamos a ver a nadie.

Tengo una amiga que se ha dedicado a explorar esto y me da la impresión de que ahora entiendo por qué lo hace. Aunque no lo haya pensado y hecho a propósito no puedo evitar excitarme cuando pienso en la situación. No sé bien dónde empieza la excitación al respecto, creo que consiste en que romper con algunas de las reglas sociales.

El sexo y lo prohibido siempre hacen una buena combinación, la idea de que alguien nos haya podido ver en cierta forma hace que la relación se vea envuelta en una atmósfera distinta, la excitación aumenta al pensar que podríamos ser el objeto de deseo de alguien más, que nuestra sexualidad es capaz de provocar la excitación de otra persona hace que la temperatura aumente.

Creo que lo más impactante es la idea de que alguien puede estar viéndonos y encontrar en eso un placer. Aunque lo más importante para mí estuvo en dejarme llevar por el deseo y no preocuparme por cosas prácticas como cerrar las cortinas ni las puertas de la casa. Ese arranque de pasión es lo más importante de esa experiencia porque he decidido no detenerme ante lo que pudiera pensar alguien más.

No se trata de vivir desenfrenada, pero sí de no preocuparme por lo que cualquiera pueda pensar, sino tomar las riendas de mi propia vida.