Los conflictos que atraviesa toda pareja se vuelven importantes porque ayudan a que la relación avance y encuentre su ritmo, que se generen acuerdos que permitan solucionar fácilmente algunos malentendidos. La relación mejora a partir de los problemas que se superan y del conocimiento de la pareja que viene con el tiempo. No toda relación es fácil y hay veces que pareciera que las cosas no tendrán un final del todo feliz, pero en la medida en que una pareja tiene como prioridad trabajar su relación se llega al increíble sexo de reconciliación.

El camino para lograr superar un problema consiste en un diálogo en el que sea importante dejar en claro qué es lo que genera las molestias y, más importante todavía, ser capaz de pasar por alto los inconvenientes, resaltar los buenos momentos y disfrutar de la relación realmente.

Cada pareja tiene sus temas, los puntos débiles que generan roces innecesarios entre ambos. A veces es sorprendente cómo lo que ocasiona los problemas de la pareja es algo absurdo para otras parejas, para otras personas. Me parece que cada persona tiene su propia historia y que eso lleva a que cuestiones simples para unos se vuelvan casi melodramáticas para otros.

¿Cómo se resuelven estos problemas? No soy consejera matrimonial ni psicóloga como para poder dar una respuesta clara, pero lo que me funciona a mí es desahogarme por mi cuenta, esperar a que las cosas se enfríen un poco y después acercarme para congeniar y llegar a algún acuerdo. Una relación se trata de construir cosas juntos en la medida en que se avanza en conjunto y el sexo muchas veces se vuelve un espejo de cómo el vínculo se hace cada vez más fuerte.

El sexo de reconciliación es un clásico porque es el momento en el que recuperamos la ternura, el amor, el cariño, la confianza. Pocas veces se trata de un enojo o tristeza tan grandes que no se puedan disipar después de una charla y el sexo que le sigue es maravilloso.

¿Qué hace que la reconciliación en la cama sea tan gloriosa? Me parece que es como en esas ocasiones en las que por alguna razón nos hemos alejado de nuestra pareja por cierto tiempo. En este caso la lejanía es sentimental, como si se levantaran muros o como si se tuviera que atravesar un camino largo y lleno de obstáculos para estar en los brazos de nuestra pareja. El sexo que resulta de este esfuerzo tiene el sabor de un reencuentro después de mucho tiempo y de un deseo enorme no tanto guiado por la pasión, sino de encontrarse cobijada en él.

Para mí siempre suele empezar de forma tierna, los cuerpos se reencuentran y se recuerdan, como si tuvieran que reconocerse. Después es más sencillo, porque la ternura de estar juntos termina por encender el deseo, la pasión, las ganas de estar unidos. A fin de cuentas, una relación que no atraviesa por esto, tiene cosas que debe hablar.