Si hay un tema que me despierta cierta curiosidad, e incluso temor, es el embarazo. Sé que en una mujer se espera que seamos maternales y que nos llenemos de ternura ante la posibilidad de tener un bebé. Entre las cosas que más me inquietan está el sexo.

Una compañera de la oficina está embarazada y esto me dio la oportunidad de acercarme de primera mano a lo que pasa con nuestro cuerpo cuando se prepara para recibir o crear a este nuevo ser. Muchas veces caigo en una actitud de recelo ante lo que implica traer a una persona al mundo, sobre todo en la parte que implica el parto. La palabra hasta parece que está de acuerdo conmigo, siempre me pareció que algo se tiene que partir, quebrar o separar.

Justo me acerqué con todas estas inquietudes con esta amiga del trabajo porque además de los miedos, quería saber qué pasaba con el placer, cómo se incluía en la nueva forma de vida, porque una vez que alguien decide embarazarse creo que hay una gran responsabilidad de por medio. No se trata de un capricho o un gusto que alguien se da.

He visto a esta amiga abandonar el ritual de gorditas y garnachas de los viernes de quincena para empezar a cuidar su dieta, vigila la cantidad de cada cosa como si se estuviera preparando para pruebas olímpicas. Pero si hay algo con lo que no podría es con dejar el placer a un lado. Ya he leído que eso no es algo que se pierda, sino que cambia, junto con el resto del cuerpo.

Lo que me dijo es que desde un inicio fue algo que habló con su ginecólogo, porque ella no veía la razón por la que tendría que abandonar el sexo como consecuencia del embarazo, sobre todo no deseaba que así fuera. Yo no podría estar más de acuerdo.

Parece que al final a lo único que le debo seguir teniendo miedo es al momento del alumbramiento, porque hasta ese momento las relaciones sexuales siguen siendo posibles. Saber esto es para mí un gran alivio, después de haber descubierto un mundo en el que mi placer es básico, pensar en dejarlo de lado me parece difícil. No creo que sea una cuestión de egoísmo, como algunas personas me han reclamado, pero sí que tengo definidas mis prioridades y no me parece adecuado que la forma de empezar una nueva etapa en la vida sea por medio de una renuncia forzada. 

Esta amiga me confesó un poco de los beneficios que le ha traído a su vida sexual el embarazo, entre otros, el aumento de los senos y lo mucho que su esposo disfruta este cambio. A fin de cuentas el cambio trae consigo una nueva exploración. A partir del embarazo su pareja y ella tuvieron que empezar a explorar su sexualidad nuevamente, porque la sensibilidad era otra, nueva y con posiciones y tactos completamente nuevos.