Estaba explorando entre las páginas del Internet y me encontré con una serie de imágenes donde se explora el body painting. Aparecen cuerpos que se ocultan detrás de las figuras de animales de vivos colores y que hacen de la desnudez una incertidumbre bajó la ilusión del trazo. Me encantó. Mi imaginación empezó a vagar por la posibilidad de transformarme en miles de cosas.

Luego pensé en cómo esta forma nueva de ver el cuerpo podía traer juegos insospechados a la cama. La capacidad de realizar un lienzo en el cuerpo del amante. El juego consiste en hacer constancia de cierta huella colorida del paso sobre el cuerpo, la invención de un rastro a seguir o en el cual perderse.

Encontré que hay ciertas pinturas que no sólo no son tóxicas, sino que además están diseñadas para usarlas en el cuerpo. En mi búsqueda encontré también una que es comestible y me parece que estuve toda la vida buscando algo como eso. Llenar de colores el cuerpo de mi amante, poner en él trazos que salen de mi imaginación y cuando esté lleno devorarlo, lamerlo, hacerlo todo desaparecer con los labios, la lengua, el hambre y el deseo.

Para hacerlo más interesante se puede pensar en hacer de este jugueteo previo un proceso en el que se realizan trazos que funcionan como los diálogos callados de los amantes. No sé cómo lo hagan ustedes, pero para mí el sexo de alguna forma siempre termina en una dinámica de turnos, excepto cuando uno de los dos pierde la cabeza y domina al otro guiado por el deseo.

Lo que les propongo es que empiecen un juego en el que empiecen a realizarse trazos el uno encima del otro por turnos, lo que se consigue con esto es darle el espacio y el momento justo para experimentar el tacto con calma, tener el tiempo para permitirnos sentir es donde empieza el placer. Si empezamos a pensar en dónde vamos a pintar, qué vamos a pintar nuestra mente se distrae de lo que realmente importa, las deliciosas sensaciones que se nos presentan.

Ya sea que decidan realizar los turnos por periodos de tiempo, por participaciones por líneas, etcétera; lo ideal es que no se enfoquen en otra cosa sino en lo que pueden experimentar cuando alguien les pasa un pincel con pintura, o bien, los dedos y las manos cargadas de pintura. Les aseguro que disfrutarán ver cómo el tacto y la caricia dejan un camino de color detrás de sí.

Las caricias entonces se pueden ver, se pueden portar y cuando finalice el juego se pueden devorar, en el mejor de los casos. Quizás sea importante realizar este tipo de experimentos y experiencias en un hotel, son el tipo de actividades que es preferible que alguien limpie por ti. Aunque debo reconocer que ver las sábanas manchadas de colores después del sexo es algo gratificante, le hace justicia a la unión que realmente ocurre.